Quienes trabajamos en agencias de marketing conocemos bien este escenario: una empresa muestra interés, agenda una reunión, solicita una propuesta, pide una cotización… y luego, silencio absoluto. No un “gracias”, no un “ya no me interesa”, no un “elegimos a otra agencia”. Nada.
El famoso “ghosting corporativo” se ha vuelto parte del día a día. Y aunque solemos tomarlo con profesionalismo, la verdad es que detrás de ese silencio hay tiempo invertido, análisis, ideas estratégicas, y un equipo que trabajó con seriedad para entregar una propuesta a la altura.
¿Y entonces por qué pasa esto?
¿Falta de profesionalismo?
Una posible causa es la falta de cultura de retroalimentación. Hay empresas (y personas) que no han aprendido a cerrar los procesos correctamente. Tal vez no saben cómo decir que no. Tal vez creen que al no contestar “evitan incomodidades”. Pero lo que logran es proyectar una imagen poco profesional.
¿Es cultural?
En algunos países, y México podría ser uno de ellos, evitar decir “no” de forma directa se percibe como una forma de ser amable. El problema es que esa amabilidad mal entendida termina dañando la relación y generando desgaste innecesario.
¿O es simplemente falta de empatía?
Porque también hay algo de eso. A veces se olvida que del otro lado hay personas. Que una agencia invirtió tiempo, talento y recursos en crear esa propuesta. Y que una respuesta —por más breve que sea— es una forma básica de respeto.
Lo mínimo: decirlo
No se trata de justificar. Pero sí de invitar a una reflexión: si una empresa pidió una propuesta y decidió no avanzar, lo mínimo es decirlo. “Gracias, ya no me interesa”, “pausamos el proyecto”, “no fue aprobado”, “elegimos otro proveedor”. Lo que sea. Pero decirlo.
Porque el silencio profesional no es neutral. Comunica. Y no de la mejor manera.
Autor: Daniel Villena


